BALANCE DEL 13-M


      4.- EL MIEDO ¿MITO O REALIDAD?:

      Y es aquí donde tenemos que recurrir al problema real y cierto del miedo, o para ser más precisos, del proceso que va de la preocupación al miedo pasando por la inquietud y la angustia. Desde luego que este no es el momento ni el sitio para una disertación sobre el particular, y además yo mismo tengo que repasar los textos que estudié en su momento y que reflejan teóricamente un problema permanente en todas las izquierdas porque es un problema esencial de nuestra especie animal-humana ya que atañe a su instinto básico de supervivencia y a los mecanismos psicológicos profundos de adecuación al principio de realidad. Sin embargo, otra vez, he de recordar que este problema no es nuevo en la izquierda abertzale y que ya hace unos años se planteó con alguna profundidad, desde luego no la suficiente, el problema del miedo y del deseo, constatando que la izquierda abertzale carecía de una teoría del miedo. Tal carencia no ha podido ser definitivamente resuelta en los contados años transcurrido de entonces a ahora, y su débil desarrollo es una, que no la única, responsable de que no hayamos podido combatir eficazmente el perceptible proceso que van de la preocupación a la inquietud para llegar a la angustia y termina en el miedo.

      Hay que empezar diciendo que este proceso no es en sí mismo malo, y que en sus inicios, en sus fases más comunes y básicas, es incluso necesario para mantener una capacidad de autocontrol en las relaciones sociales. Pero en la medida en que el proceso se desarrolla hacia la angustia progresivamente incontrolable, en este sentido comienza a ser un problema serio. Y es tanto más serio cuanto que no se trata de una angustia individual o minoritaria, sino colectiva y social. En este sentido, son muchos los textos que han estudiado el proceso de expansión de la angustia social conforme crece el irracionalismo capitalista y su alienación, pero el grueso de esos estudios tiene como base de experiencia real el fenómeno del nazi-fascismo y del militarismo contrarrevolucionario, en cuando máximos exponentes de lo irracional en política. Son abundantes los estudios que analizan el paso de la angustia social al miedo irracional y reaccionario que termina dominando la estructura psíquica de las masas fascistas y contrarrevolucionarias. Es verdad que un pequeño componente de esos estudios analizan dicha problemática en las sociedades consumistas, pero sobre todo en su primera época y en los EEUU, y apenas después. Por último, y hasta donde llegan mis conocimientos, a finales de los sesenta y mediados de los setenta se hicieron estudios más detenidos sobre el autoritarismo y la personalidad autoritaria siguiendo las ideas de algunos autores de la Escuela de Francfort y de Alemania, sobre todo, estudios que luego se extendieron en muy pequeña proporción al resto del capitalismo occidental.

      Sólo muy recientemente, cuando vuelve la precarización de la existencia social como uno de los efectos más destructores del neoliberalismo, y cuando en el contexto precarizado se asiste a la llegada de oleadas inmigrantes con sus efectos reactivos sobre lo más odioso e incontrolable de los miedos, fobias e impotencias sexuales que anidan en el inconsciente de la estructura psíquica de masas y que se expresan en el racismo y en otras formas irracionales, sólo entonces, es decir, de un tiempo a esta parte, empiezan a surgir estudios actuales sobre el miedo social moderno. Ahora bien, aun cuando sí existen algunos estudios sobre el efecto en el presente del miedo sufrido por generaciones pasadas por guerras e invasiones anteriores, como la de 1936-37 en Hego Euskal Herria, prácticamente carecemos de investigaciones al respecto. Bueno, hay que decir que el "miedo" es una de las excusas de la demagogia propagandística del españolismo y de la sociología institucional, pero, naturalmente, se trata de otro "miedo" diferente al que padece nuestro pueblo. Sería muy interesante aunque ahora imposible analizar cómo conforme la lucha independentista va superando uno a uno los sucesivos sistemas represivos aplicados desde la UCD, el Estado español va avanzando poco a poco y en relación directa al aumento de la confianza vasca en sus propias fuerza, en la potenciación de un miedo preciso en sus bases sociales para lograr movilizarlas en un momento preciso. No hace falta decir que una característica del sistema represivo del PP que le diferenciaba de los anteriores del PSOE consiste en que el PP impulsa premeditadamente hacer de Aznar el líder carismático atractor de las frustraciones y deseos afectivos y emotivos de las masas de origen español, presentándolas como víctimas de la "tiranía vasca", dándoles un sentido "democrático" y "moral" a su nacionalismo invasor y criminalizando a todo lo vasco. Esto ya lo sabíamos en su verdad básica.

      Pero, frente a esto, no supimos valorar dos cosas inherentemente unidas al problema que tratamos. Por un lado, el PNV-EA presentaron a Ibarretxe como el líder opuesto radicalmente a Aznar, como atractor de los demócratas fueran euskaldunes o no. La diferencia cualitativa entre uno y otro es manifiesta, y el PNV-EA han tenido a su favor no sólo el miedo inconsciente e impreciso, difuso si se quiere, de muchos sectores al PP, sino también la imagen consciente de un Ibarretxe en apariencia tolerante, dialogante, democrático y defensor de los derechos vascos. La izquierda abertzale estaba así cogida en un bocadillo y no tenía ninguna capacidad de respuesta entre otras razones, como hemos dicho, por la débil teoría previa y sobre todo por la muy débil y torpe, como veremos ahora, práctica contra el miedo consciente que es el otro componente del problema. El miedo consciente es el que sabe las causas sociales de su angustia, el que nace por razones objetivas estructurales, el que se activa más en períodos de crisis socioeconómica y en momentos de ferocidad contrarrevolucionaria. Mientras el miedo inconsciente no puede racionalizar esas causas y por ello sobrecarga el factor irracional y emotivo, haciendo una transferencia afectiva y hasta libidinosa al líder en el que se depositan componente profundos importantes de la propia estructura psíquica, mientras esto ocurre realmente, el miedo consciente hace una opción más o menos lúcida e interesada, pensada, por la nueva opción salvadora de modo que no es una entrega incondicional al líder, entrega con elementos incluso masoquistas como se ha demostrado en múltiples análisis, sino una entrega condiciona, transitoria, o si se quiere decirlo así, un "préstamo de confianza".

      Desde el primer minuto nos dimos cuenta que el miedo consciente había condicionado buena parte de esos votos, y lo dijimos en público y advertimos al PNV-EA de que esos votos los perderá si defrauda las expectativas que los han atraído. Ahora bien, es el momento de reflexionar con más detalle porque dentro de todo miedo consciente siempre palpita una posibilidad de conversión y aceptación del poder al que se ha recurrido en petición de defensa ante el peligro que causa el miedo. Debemos insistir en que los partidos que por alguna razón salen beneficiados por la recogida de votos ajenos hacen muchos esfuerzos interclasista para no perderlos, o para perder los menos posibles, Más aún, si algo ha caracterizado a la campaña del PNV-EA ha sido precisamente el presentar un programa lo suficientemente ambiguo y hueco como para absorber todas las demandas de protección de otros votantes, y no es en modo alguno desdeñable que pretendan reeditarla en momentos precisos. Una posibilidad esta que debemos analizar y prevenir y que consistiría en que el PNV-EA mantengan un plan de "solución" del conflicto que aunque irreal en el fondo, en la forma y mediante el maquillaje propagandístico aparente que va dando pasos en esa dirección, e incluso de efectivamente algunos pasos más que simplemente propagandísticos de modo que, cada equis tiempo, se reactive la confianza transitoria de manera que aunque goteando la bolsa de votos prestados, ésta no se debilite sustancialmente. Pero la efectividad última de esta práctica no reside sólo en sus méritos sino también en los deméritos y errores abertzales que consisten en no cerciorarse que frente al miedo consciente sólo son efectivas las políticas ágiles y capaces de aglutinar los sectores perdidos y a la vez de recuperar su autoconfianza en la lucha práctica.

      Además, en el contexto capitalista actual, el PNV-EA tienen a su favor la posibilidad de manipular el miedo consciente ya que, por un lado y como he intentado explicar antes, el Estado español necesita asegurar el máximo beneficio posible de la industria político-cultural lo que le lleva a endurecer la explotación y el PNV-EA pueden así, bajo esa presión constante por no decir creciente, seguir azuzando el miedo consciente siempre que la izquierda abertzale no reaccione con una política alternativa adecuada. Ahora bien, por otro lado, la izquierda abertzale ha de ser consciente de que la mezcla de precarización socioeconómica y amenaza española adquiere ahora una gravedad mayor debido al hecho estructural de la definitiva industrialización y mercantilización de todo lo cultural, de su entrada en la esfera de la producción además de su permanencia en la de la circulación. Quiere esto decir que a la angustia inherente a la precarización y las amenazas españolas hay que sumarle ahora la que surge de la misma mercantilización de todo lo simbólico, es decir, del proceso objetivo de destrucción y desvirtuamiento de la identidad nacional vasca en la marea del valor de cambio. Quiere decir esto que en la medida en que la opresión española y la precarización se refuerzan cualitativamente con la industrialización de lo cultural e intangible, en esta medida el complejo lingüístico-cultural euskaldun y su identidad nacional tienden a desaparecer como valor de uso, como identidad cotidiana de vivir, y tienden a cosificarse, alienarse y desnacionalizarse como mero valor de cambio, simple mercancía cuya venta en Cádiz o California produce un beneficio al capitalismo español.

      La identidad nacional, por ejemplo el euskara, pierde su valor de uso y se aliena en valor de cambio cuando deja de usarse en la vida cotidiana y queda rebajado exclusivamente a un certificado de menor valoración que el inglés y el alemán, y dentro de poco que el chino, para entrar en algún trabajo o puesto de la administración, y cuando, por ejemplo, el estudio de la historia, presente y futuro de Euskal Herria, no se realiza desde el enmarque nacional vasco sino desde el enmarque estatal español y francés. Ambos estados conocen perfectamente en qué consiste la descualificación de la identidad de los pueblos oprimidos y su devaluación incluso en menos que simples mercancías, y por eso todas las leyes que imponen impulsan que el pueblo oprimido no practique ni use ni recree ni cree su identidad en cuanto forma y contenido de su existencia. Ambos Estados saben también que la evolución capitalista juega a su favor por las presiones de la mercantilización de todo lo existente. De esta forma, la tendencia a la desnacionalización se realiza si no encuentra una oposición consciente y autoorganizada del pueblo. Como toda tendencia expresa una lucha en su interior entre fuerzas antagónicas. En esa lucha son claves el optimismo y voluntad de victoria, tanto como el conocimiento de las contradicciones sociales. Por eso los Estados dan tanta importancia a la guerra psicológica destinada, entre otros objetivos, a hundir la moral, atemorizar e imponer el miedo. La guerra psicológica es parte del sistema represivo, que a su vez funciona con una estrategia y un paradigma teórico que analiza los contextos y coyunturas.

      Resultado de todo esto, el miedo que pude llegar a sentir un pueblo oprimido en una época histórica tiene características específicas si lo comparamos con el que sintió en otra época anterior. Cometeríamos un grave error si pensásemos que no se producen cambios dentro de este problema tan importante y que bastaba el hiperoptimismo de Lizarra-Garazi para superar definitivamente cualquier reaparición del miedo tal cual lo padecimos, por ejemplo, entre 1996 e invierno de 1997. Además, esos cambios tienen sus determinaciones procesuales y sus ritmos que sólo pueden ser forzados a partir de determinados cambios de fondo y acumulación de fuerzas. En estas cuestiones, el voluntarismo subjetivista es más un obstáculo que una ayuda frente a la trampa y chantaje del PNV-EA y la brutalidad española. Solamente desde una conciencia política clara se podía descubrir la primera y combatir la segunda. Y aunque muchos de los votantes que abandonaron la izquierda abertzale tenían esa claridad básica, su miedo era superior a una lucidez teórica superada por los acontecimientos. Aquí radica el riesgo de que antes o después algunos de esos votos se queden para siempre dentro de esa coalición o, también, salgan de ella pero no para volver a EH sino a alguna escisión de EH. Tengamos en cuenta que la lucidez teórica se mueve en un plano superficial de la consciencia que puede hundirse si se produce una quiebra en los substratos profundos de la personalidad. En la guerra e incluso en situaciones cotidianas no bélicas pero sí muy tensas por su violencia material o latente, o por el riesgo y amenaza que suponen, se producen estallidos de pánico y desmoralización súbita. En situaciones políticas menos tensas también aunque con menos brusquedad y dramatismo. Pero una vez producida esa quiebra, cuesta recomponer la conciencia política y recuperar la combatividad. El tiempo, siempre importante, adquiere en esos momentos toda su valía.

      Pues bien, situados en la mitad del bocadillo, entre el miedo inconsciente y el consciente, no pudimos presentar una alternativa creíble en tan poco tiempo. Debemos recordar que en todo lo relaciona con los substratos profundos de la estructura psíquica, el tiempo no es el mismo que en los substratos superficiales y conscientes, pues cuanto más nos hundimos en la irracionalidad manipulada, más lenta y difícil se hace la capacidad de iluminar racionalmente esas obscuridades. Y aquí intervino en nuestra contra no sólo la torpeza teórica a la hora de integrar en nuestra práctica concienciadora ese vital campo de lucha, sino también la debilidad de nuestros medios de concienciación. Por una parte, no supimos comprender desde hace tiempo que para el sector abertzale del que han salido esos algo más de 20.000 votantes se requiere de una especial acción teórica esclarecedora, muy diferente al de los sectores más exteriores de los que salieron los cerca de 60.000 votos que luego analizaremos, que necesitan otra específica, más acorde con su origen teórico-político y su situación presente. Quiero decir que no podemos seguir con la ingenuidad de presentar el mismo modelo propagandístico-electoral a ambos bloques, y menos aún, entre elección y elección, que no podemos seguir manteniendo una muy débil formación teórico-política permanente a ese sector más cercano. Sin embargo cometimos esa ingenuidad que, para mí, surge de un desconocimiento injustificable de la realidad nuestra y ajena.

      Conviene detenerse un poco n esta cuestión porque explica algunos de nuestros errores. Recordemos que, por ejemplo, durante el auge del nazi-fascismo clásico, el miedo estaba más azuzado además de por la precarización masiva, el paro estructural y la crisis económica pavorosa, también por la lucha de clases y el socialismo, por la revolución y por el monopolio manipulador que la derecha tenía y hacía del sentimiento nacional, despreciado y/o incomprendido por la izquierda, mientras que la mercantilización inherente al consumismo y a la generalización del valor de cambio estaban bastante menos desarrolladas que ahora. También lo estaban aunque menos porque ya avanzaba el consumismo tal como lo padecemos ahora en el miedo y la personalidad autoritaria estudiada por la izquierda de la postguerra, pero sí existía el miedo a la guerra nuclear así como la "mala conciencia" y las pesadillas de la II Guerra Mundial. Mientras tanto, en esta misma época, en Hegoalde, la ocupación franquista española causaba un miedo palpable por la represión directa y pública. Preciso estas diferencias para ver mejor los cambios acaecidos y la necesidad de innovaciones en la política abertzale contra las manifestaciones actuales del miedo consciente. En este sentido se puede apreciar que siguen siendo esencialmente válidas las aportaciones teóricas que las izquierdas marxistas no stalinistas hicieron en los cruciales años treinta, y que también siguen siendo válidas gran parte de las investigaciones de la Escuela de Francfort especialmente lo relacionado con el miedo a la libertad y el poder alienador del consumismo, pero hay que saber además que, de un lado, la burguesía ha aprendido de la lucha de clases a lo largo de estos últimos setenta años y que ha introducido sistemas nuevos que debemos tener muy en cuenta y, de otro lado, al ser una nación oprimida tenemos problemas específicos que no han sido estudiados por nadie con anterioridad, ni siquiera por nosotros en buena medida, lo que nos exige una dosis de creatividad teórica y práctica apreciables.

      Siguen siendo válidas, por ejemplo, las referencias a que la izquierda ha de aglutinar todos los derechos y ha de saber erigirse, contra la reacción autoritaria, como no sólo defensora de esos derechos sino también como impulsora de su autoorganización no burocrática en cuanto anuncio práctico del modelo social que se propone al conjunto del pueblo. También son válidas, pero a otra escala, que por debajo y por dentro de esa defensa práctica de los derechos colectivos e individuales, hay que aglutinar a los sectores más concienciados y más combativos aunque pertenezcan a otros partidos, sindicatos y colectivos. Por último, a la vez, sigue valiendo la lección de que hay que aceptar e impulsar la tendencia a la aparición de otros grupos y colectivos de lucha más específicos y con objetivos muy precisos, que históricamente tienden a surgir cuando se ha producido cambios estructurales con efectos contradictorios nuevos y cuando las izquierdas tradicionales quedan rezagadas y superadas ante las nuevas exigencias. Estas y otras lecciones, como es lógico, deben ser adaptadas a las condiciones del capitalismo actual, y sobre todo a la realidad objetiva de opresión nacional que padecemos. Esta realidad objetiva no es otra que la opresión nacional, y explicarla y razonarla a comienzos del siglo XXI, dentro de los cuatro nuevos contextos que hemos citado arriba --mundial, europeo, de los Estados que nos ocupan y nuestro-- nos exige tener en cuenta cada uno de esos contextos en sus relaciones con la opresión nacional.

      De este modo, el concepto de "lucha de liberación nacional" puede aparecer de manera más plena y rica, y no como una coletilla que se repite en los momentos de liturgia abertzale y que va perdiendo efectividad explicativa y concienciadora. Su debilitamiento se debe, entre otras cosas, a que todavía no hemos sabido engarzarlo con los cuatro nuevos contextos, que en sí forman una unidad. Por tanto, el debilitamiento de su empleo expresa tanto el estancamiento del independentismo para seguir siendo referente como su simultánea esclerotización teórica y políticas. Ambos repercuten negativamente en nuestra tarea concienciadora y facilitan las trampas y chantajes del PNV-EA como la efectividad del miedo introducido por el sistema represivo porque, al igual que se ha debilitado el concepto de "lucha de liberación nacional", también y a la fuerza se ha debilitado el de permanente debate y enriquecimiento teórico-político fuerte en y para los sectores internos y más activos de la militancia abertzale. Mientras que el Estado aplicó una estrategia de contrainsurgencia de guerra de baja intensidad, esa progresiva debilidad nuestra no aparecía con todos sus riesgos porque mal que bien vivíamos de rentas, aunque con problemas crecientes. Pero cuando el Estado, por medio del PP, dio el salto a una estrategia contrainsurgente nueva, esa negligencia nuestra empezó a surtir efecto.

      No pudimos reaccionar a tiempo y responder con una explicación práctica que demostrase que la izquierda abertzale superaba los efectos aislantes y cercadores del nuevo sistema represivo mediante una defensa más enconada de todos los derechos colectivos, a la vez que enriquecíamos nuestro proyecto global demostrando sus diversos contenidos y ritmos. En el debate de Batasuna algo de esto estaba anunciado --sólo algo-- pero ni incluso eso pudo concretarse y divulgarse al exterior. Así, mientras el nuevo sistema represivo nos golpeaba por todos los lados, y mientras el PNV-EA se presentaban como único referente amplio y efectivo, nosotros nos enquistábamos y colectivos que se habían integrado en Lizarra-Garazi abandonaban precipitadamente el barco. Utilizando otros términos, se puede decir que mientras nosotros padecemos una agresión manipulada dictada desde una estrategia contrainsurgente centralizada en base a criterios político-militares, con sus correspondientes apartados de guerra psicológica, manipulación subliminal, mentira, amedrentamiento e intimidación, etc., mientras así ocurre, hemos dejado de lado casi todo el esfuerzo por responde desde una estrategia de lucha de liberación nacional que guíe y estructure los programas internos de formación teórico-política. Bajo este ataque, conceptos básicos como "paz", "democracia", "libertad", etc., han sido objeto de intensa manipulación española pero también del PNV-EA, mientras que la izquierda abertzale, que debiera ser su real detentadora, lleva ya demasiado tiempo al margen de cualquier esfuerzo. Sin embargo, tanto por la experiencia histórica desde hace siete décadas en Europa, como hemos visto arriba, cómo en la de otros procesos de liberación nacional, en las dos, debe ser la izquierda independentista la que construya y lidere todo lo que significan esos conceptos.

      No puedo exponer aquí los efectos concretos que ello supone en muchas áreas, aunque sí decir que en el marco de esos 20.000 votos perdidos sus efectos son demoledores porque toda la experiencia al respecto, al menos la que yo he estudiado, indica que contra el miedo consciente hay que aplicar ágilmente la dialéctica entre el deseo, la esperanza y el realismo más objetivo que se pueda. En realidad, no existe teoría del miedo que no sea a la vez teoría del deseo y de la acción liberadora, como ya empezamos a debatir hace unos pocos años pero no continuamos en el esfuerzo. Pues bien, las cosas marcharon sin mayores dificultades mientras Lizarra-Garazi funcionó y mientras la nueva estrategia represiva española terminaba por tomar cuerpo. Cuando Lizarra-Garazi se estancó y la nueva estrategia represiva empezó a intervenir con nuevos objetivos y tácticas, los problemas comenzaron a inquietarnos y terminaron por superarnos en el proceso posterior. Habíamos creado una esperanza enorme y cuando desapareció súbitamente no supimos lograr que el principio de realidad iluminara las obscuridades que comenzaban a adueñarse de es@s compañer@s. Por ejemplo, la "paz" significaba una cosa durante Lizarra-Garazi y otra diferente después, pero ni siquiera pensamos en esos cambios.

      El choque entre la realidad brutal que volvía de un pasado que mucha gente creía ya definitivamente sepultado y el sueño utópico abstracto en el que esa gente se había relajado, con la responsabilidad no sólo de la izquierda abertzale sino también del PNV-EA, ese choque fue tal que el principio de realidad no pudo recuperarse a la velocidad con la que la inquietud se transformaba en preocupación, esta en angustia y por fin, esta en miedo consciente. Nuestro sistema de concienciación estaba pensado antes que nada para los sectores más exteriores del complejo y multifacético mundo que se había acercado a Lizarra-Garazi y apenas para responder a las dudas de nuestra gente y menos aún para activar un pensamiento teórico-político adecuado a los cambios acaecidos. El triunfalismo que frecuentemente se había difundido pasaba ahora factura, pero lo peor no era que surgiera de la misma izquierda abertzale, cosa que también pasaba, sino que frecuentemente provenía de artículos y declaraciones de grupos que se habían sumado a Lizarra-Garazi desde posturas históricas muy diferentes y que, en su fuero interno, pensaban que era la izquierda abertzale la que se estaba rindiendo con disimulo y sin reconocerlo públicamente. Así, cuando los fantasmas del pasado volvieron a adueñarse de la realidad, ésta estaba debilitada por un entramado de creencias, afirmaciones e interpretaciones múltiples y hasta dispares, pero coincidentes en un triunfalismo demagógico que no invitaba en modo alguno a la acción de masas y menos aún a la predisposición política y moral imprescindible para reactivar la dura militancia abertzale tras el final del espejismo de Lizarra-Garazi.

      Una lección reiteradamente confirmada por las experiencias que a nosotros más nos aportan en base a la dialéctica del conocimiento, es la de que en las guerras de liberación nacional de los pueblos oprimidos, sean de guerrillas o convencionales, y ahora no nos importa tanto esta diferencia porque nos movemos en un plano más simple del análisis, en estas guerras nunca hay que cruzar la tenue línea que separa la explicación racional y objetiva pero animosa y valiente de los problemas a superar, de la propaganda triunfalista, inflada en las expectativas y en las esperanzas. La lección de las guerras convencionales y no convencionales confirma este principio de realismo sincero pero correctamente explicado, que ya podemos estudiar en los estrategas griegos a la hora de explicar a sus conciudadanos la gravedad de los riesgos a los que se enfrentaban. También queda confirmada por la experiencia de las duras guerra de guerrillas, especialmente en las urbanas. Más temprano que tarde, y en este nivel tan alto de contradicciones irreconciliables, la propaganda que suaviza u oculta la gravedad real e infla irrealmente las esperanzas de la pronta victoria, esta propaganda ha fracasado más temprano que tarde. No niego que se hayan hecho esfuerzos en determinados momentos para explicar a núcleos militantes esta situación, pero su alcance ha sido limitado por la rapidez y amplitud de los cambios y de la contraofensiva española. Es más, incluso podemos recurrir a las propias experiencias abertzales de hace dos décadas para ver lo excesivamente arriesgado que resulta el triunfalismo carente de base objetiva.

      En resumen, no hemos sabido conjugar ágilmente los, como mínimo, dos niveles decisivos de nuestro sistema de concienciación. En realidad, tenemos que llegar a desarrollar tantos niveles o áreas concienciadoras como estratos diferentes existen, pero este es un problema que otros dominan mejor que yo. Sí me atrevo a intentar explicar que como efecto de lo anterior una buena parte de nuestra militancia ha carecido de referentes válidos a la hora de responder al contraataque español en los niveles de la identidad y de la perspectiva de futuro.

      No quiero acabar este apartado sin hacer una brevísima referencia a quienes desde dentro de la izquierda abertzale, a la que dicen pertenecer, no han hecho ningún esfuerzo por sumar votos y sí por desanimarlos e incluso por forzar la fuga al exterior. El tiempo dará la razón a quienes luchan.


      5.- SOBRE EL CÍRCULO EXTERIOR

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